A nadie le cabe duda que estamos experimentando una transformación profunda en nuestra manera de vivir y de relacionarnos, entre nosotros como seres humanos y con el entorno. Las relaciones laborales, claro, no están exentas. El concepto trabajo como lo conocíamos ya no es el mismo que el de hace apenas unos años, y la definición de lugar de trabajo ya no lo vinculamos precisamente a un espacio físico determinado.

 

La aparición e incesante evolución de las tecnologías digitales, así como el uso de plataformas ha sido el principal impulsor de la transformación del trabajo. El modelo de empleo asalariado ha imperado por muchos años y ha contribuido a la organización de las sociedades, sin embargo hoy queda corto ante las posibilidades que brinda la modernidad.

La globalización, de la que tanto se hablaba desde finales del siglo XX, permitió a las empresas expandir su presencia a más partes del mundo y con ello instalarse en lugares distintos a donde originalmente se ubicaban. Generaron nuevas fuentes de trabajo.

Con el paso del tiempo, sobre todo debido al avance de la tecnología y la hiperconectividad, las distancias se fueron acortando y se fue facilitando con mayor precisión la coordinación y operación desde diferentes lugares. Las plataformas en línea, soportadas por internet, la nube y las redes, han sido fundamentales para conseguirlo.

La tecnología no es el único factor que incide en la transformación

Si bien la tecnología ha sido decisiva en esta transformación, no es el único factor. Se han dado condiciones económicas, sociales y políticas en el mundo que han contribuido a ello, por supuesto. Un hito fue la crisis de la economía en Estados Unidos hace casi década y media, que impactó al mercado laboral y dio pie a formas distintas de contratación a la tradicional.

Disminución en los costos de la tecnología y una conectividad masiva, que permitió la proliferación de dispositivos móviles, sumado a la profunda afectación en las finanzas de muchas empresas que les llevó a explorar nuevas opciones de contratación y la inclusión al mercado laboral de una generación con más interés en la flexibilidad y la libertad del trabajo independiente se combinaron y originaron lo que hoy se conoce como GIG Economy.

Este término, que ha sido traducido como economía de los pequeños encargos”, hace referencia a una situación laboral en la que se contrata a una persona para que realice trabajos esporádicos para alguna empresa, negocio, institución u otro particular. Aunque se escucha como si se tratase de trabajo “freelance”, no es exactamente lo mismo.

Cierto es que el trabajo por encargo existe desde hace mucho tiempo, sin embargo, la proliferación de plataformas lo ha estado transformando. Está moldeando no solo las relaciones laborales sino que está impactando la propia economía de los países.

Millones de personas en todo el mundo han dejado su vida laboral tradicional para optar por opciones independientes. Incluso hay quienes estiman, con base en análisis serios, que en pocos años una tercera parte del trabajo se desarrollará mediante plataformas digitales.

¿Es realmente la GIG Economy el futuro laboral en el mundo? Eso lo abordaremos en el siguiente artículo.